Póker De Ases



  Alguien dijo que la vida es como una partida de cartas, puedes tener una buena mano o no tan buena. Pero al final lo que cuenta es como las juegas...puedes perder con un póker o ganar con una pareja...


     -Así que, querido mortal, muestra tus cartas en ésta tu última mano.


     Eso fue lo que oyó Jon, antes de bajar del avión que le llevaba a una reunión muy importante en la que debía hacer una exposición. Estaba muy atento a la conversación en los asientos de al lado del suyo. Un hombre de avanzada edad le explicaba algo sobre póker y cartas de la vida a un joven que viajaba junto a él, que bien podría ser su nieto... no se lo preguntó ni deseaba hacerlo. Pero esa última frase resonó en su cerebro en los próximos días... 


     El anciano estaba ya muy enfermo, pero su cara contrastaba con el rechinar de sus huesos y sus movimientos ya muy pesados y torpes. Su cara parecía estar trasplantada encima de su cuello. Era un rostro de felicidad, alegría...como si su vida se concentrase en sus arrugas, sobre todo alrededor de sus ojos.  Éstas parecían ser de reír, y mucho, de vivir plenamente y no de sufrimiento. Y así era, después de cada frase, esbozaba una sonrisa de oreja a oreja, detrás de cada tos parecía escapársele la vida; pero retornaba con la misma sonrisa... Jon miraba de reojo la escena, mientras leía...digamos mejor,  sostenía una revista en sus manos. 


     El anciano entonces cambio el tono de su voz, de lo que era una charla distendida a un tono pausado, pero más solemne. Y así le dijo al joven: -Hijo, ¿sabes cuantos viajes he hecho por el mundo? ¿sabes en cuantos países he vivido? ¿cuántas culturas y razas me han acogido?...Tantas y tantas, que podría hablarte de todo ello, pero mi vida llegaría a su fin mucho antes de terminar... Mi padre era un hombre muy rígido, no era culpa suya, pues su padre y el padre de su padre lo fue con él. Nunca le gustaron mis idas y venidas por todo el mundo, ni mis experiencias. Yo había roto esa cadena de rigidez ancestral; desafié sus creencias, nunca dejó de quererme ni yo a él a pesar de las continuas discusiones. Lo que te quiero  decir es... que tú, yo, esa señora de allí, aquel otro señor... ¡todos!, estamos aquí para vivir nuestra vida y no la de los demás. Ni tan siquiera para vivir la vida que por amor y sobreprotección nos impone nuestra familia. Nunca debes olvidarlo; quizás no te guste viajar mucho, pero hay otras maneras de viajar. Tener sueños también es viajar, pues producen una sensación parecida en el cuerpo, tener algo por lo que luchar e imaginar que lo consigues...y al final ¡conseguirlo!,... ¿Te das cuenta? yo no tenía muy buenas cartas, pero gané mi partida con la vida... Ahora vuelvo a casa, y allí marcharé en total calma con mi alma a fundirme con la fuente, con la energía del universo, y quizás vuelva a habitar otro cuerpo y pueda jugar otra partida... A tu padre creo que le dejé una buena mano, no sé con certeza si a ti te tocaron buenas cartas. Pero como dije antes, depende de cómo las juegues...hijo, la riqueza más grande que encontrarás allí donde vayas, la encontrarás en las personas, en su corazón. Así como tu mayor riqueza reside aquí (dijo golpeando su pecho). Atesora ese don y te sobrará para repartirlo entre los que más quieres y te sobrará para los demás...


     -Es por eso que siempre te digo que el día de mi muerte, quiero que en mi bolsillo estén estas cuatro cartas...Un póker de Ases...podría haber sido una escalera de color, pero hubiese sido demasiado perfecto, además nunca me gustó el juego, pero me parece divertida la metáfora... Al acabar la frase, su tos se hizo más evidente y el oxígeno parecía faltarle. Su nieto le puso la mascarilla que llevaba durante el viaje y que solo se quitó para decir esas palabras...


     ...Jon iba de camino días después a la importante reunión del prestigioso bufete de abogados en el que trabajaba, un bufete de tradición familiar. Su rostro parecía sereno y no tan ajetreado como de costumbre. Entró a la reunión, saludó y dejó su dimisión irrevocable sobre la mesa...




¿Te atreves a jugar la partida?


Por Jordi Luna

   
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