Mi Compañera




"Lenta oscuridad que baña mis ojos en el eterno anochecer de mi alma...
¡sol despierta!, y llévate con tu luz todo el miedo. Que aquí, ¡hay esperanza!" Jordi Luna

   Mi ser desprendido de mi cuerpo, bajó de golpe hasta mi cama. Sí, es ese preciso instante en el que notas como algo cae sobre ti, o simplemente te ves caer y despiertas del sobresalto. Es en ese preciso instante en el que tus ojos buscan un peligro que no existe,  y el corazón se prepara para activar todo el cuerpo para una lucha sin rival, o una huida de nada.  En ese instante desperté entre una respiración ajetreada y la sensación de que allí había algo o alguien que me esperaba. No...no había nada...ni nadie...


     Eran varias, lo que a mí me parecían todas, varias noches en las que me sucedía lo mismo. Siempre había sido un poco ... más bien bastante asustadizo, y esos sobresaltos no ayudaban a lo que entendemos por un buen descanso. Al amanecer, mi cuerpo se levantaba pesado y dolorido y mi cabeza embotada. Pero ¿quién no ha sufrido o sufre de insomnio en los tiempos que corren?

    No era solo ese momento, eran otros los que me atormentaban. No es fácil mirar al miedo a los ojos y mostrarle tu cara, así que un día no pude más y decidí crear un plan, un plan que me alejase de esa etiqueta autoimpuesta de hombre de dudoso valor, pues cobarde es un calificativo demasiado poco honroso para nadie. Un plan no para ser un personaje temerario, solo para poder ser mi propio caballero sin lanza que ataca hasta ganar la batalla. Eso fue lo que juré que haría, pero la euforia dura lo que la efusividad del gas en una bebida al ser abierta. Y esa misma noche vivida en pleno día, volvió a pasar. Sus ojos me atemorizaban aun sin poder verlos, y su voz era aterradora aunque no la oía. El plan hacía aguas.

     No recuerdo cómo ni por qué, pero decidí después de unos días probar mi plan. Y se presentó la primera oportunidad... Mi plan era simple, no necesitaba preparación ni estrategia alguna. No estaba mi siquiera muy elaborado, ni había plan  B; pues tener una alternativa significa no centrarte del todo en el plan A. Ni tan siquiera se trataba de tener valor, no...me llevaría el miedo conmigo.

     Y así fue, desperté por la mañana y mi compañera inseparable estaba allí conmigo. Mi mujer despertó minutos más tarde. Sí, allí estábamos los cuatro aunque solo yo fuese consciente. Le saludé interiormente y le prometí viajar a todas partes con ella, a mi compañera inseparable. Después de camino al trabajo, la subí al coche y la llevé a trabajar, comí con ella y estuve en definitiva con ella todo el día. Luego, al llegar la noche, hablé con ella...no hicieron falta muchas palabras, ni gestos, ni tan siquiera me rechistaba. Le dije que sabía que nunca se iba a separar de mí, y que por fin la aceptaba; que la llevaría a todos mis viajes interiores y exteriores, a mis penas, a mis alegrías y a todas mis batallas. Pero que sintiéndolo mucho, ya no la temería y esta vez sería yo quién la utilizase en mi beneficio.

     Así le hablé a esa compañera  inseparable que todos tenemos, como dijo Wayne W. Dyer en Tus zonas erroneas: "A falta de un nombre mejor llámalo (Tu -Propia-muerte)."




     De ti depende vivir atemorizado por ella, o de utilizarla en tu própio beneficio. Como mucha gente hace o practica, por qué no pensamos cada uno de los próximos días sin miedo alguno, día tras día, aceptando que somos almas que están de paso...¿y si hoy es el último ?...¡voy a aprovecharlo al máximo!


     Como siempre, ahora toca reflexión...


Por Jordi Luna

Gracias a mi amigo Edmundo por recordarme el sentido de la vida. A veces de una charla con un amigo, surge la inspiración.
     
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