La Montaña



  Puede que los problemas parezcan muy altos, muy difíciles de superar, como montañas en medio de tu camino. Puedes parar y mirarlas desde la ladera, o puedes escalarlas y superarlas. Y sí, puede que haya otra más alta después... después de la primera, ya no te parecerá tan complicado e incluso puede que te salgan alas..

     Miró desde su ventana, y no veía más que una oscura montaña detrás de un pequeño lago. Cada mañana evitaba sin éxito mirar afuera desde ese lado de la casa, pero era imposible resistirse; siempre acababa mirando y maldiciendo unas veces maldiciéndose otras, pero al final todo volvía a la incesante espiral de su rutina. Almorzaba, iba a trabajar, volvía, comía, vuelta al trabajo, vuelta a casa, realizar tareas del hogar, algún hobby, dormir...mal. En todo este tiempo, la imagen de la montaña detrás del lago a través de su ventana, iba y venía incesante durante varios momentos del día, aveces durante casi la totalidad de él, pero seguía ahí, y era inquietante y pertubador mirar al principio y al final del día por esa ventana; pensó en taparla, pero era imposible resistirse a la tentación de mirar.


     La vida se hacía espesa, asfixiante, y cada día era más una tortura que una vida normal, siempre esperando un milagro. Los milagros existen, pero hay que ir a por ellos pues ellos no vendrán a por ti. Esa era la frase que un día encontró en una revista vieja abandonada en el suelo, y la cual su mente grabó a fuego sin saber por qué. No sabía del poder que esa frase podía ocultar en su subconsciente.


     Así que una mañana durante un periodo vacacional, se despertó intranquilo al amanecer, con una energía que no sabía de donde provenía y unas ganas de vivir que hacía días que no sentía. Miró por la ventana como siempre esperando ver la desesperanza por ella, como cada mañana. Pero no; esta vez vio el lago bañado por la luz del nacer del sol, el amanecer de la montaña. Los tonos rojizos, ámbar, amarillentos bañaban casi la totalidad de la superficie del agua, y la montaña con el sol detrás no parecía tan amenazante...


     ...Pero aún no os he dicho el por qué de su odio a esa montaña. Esa montaña simbolizaba lo que él creía toda su existencia, al otro lado se encontraba un pueblecito donde vivían todos sus seres queridos y amigos. Él tuvo que irse del lugar y sin querer perdió el contacto con su círculo íntimo, la única manera de llegar hasta aquel lugar era cruzando el lago y escalando aquella montaña. No, en aquellos tiempos no había vehículo posible para llegar allí, o al menos él no lo conocía...


     Así que esa mañana, desde su ventana atisbó una perspectiva diferente a cómo encauzar el viaje. Sí, se sorprendió de si mismo al verse movido a intentarlo y dejar atrás todo lo que allí tenía, que era tanto y a la vez tan poco. El valor entró como una ráfaga de aire fresco en sus pulmones y decidido se preparó para el viaje, cogió lo necesario o lo que él pensó que sería necesario y cruzó el umbral de la puerta trasera...Una vez puso el pie en el camino, ya no paró de andar...


     A la orilla del lago tenía un pequeño bote atracado, hacía mucho que no subía en él; pero no dudó ni un solo instante en subirse, desatar la amarra y coger los remos. El agua permanecía en calma, podía ver el fondo perfectamente, y después de un rato remando  y contemplando, disfrutando del viaje; miró atrás y vió su casa tan lejos que el bote empezó a moverse con inquietud a la vez que él también se inquietaba, miró hacia delante y unas nubes negras se acercaban como caballos alados hacia allí lo que le inquietó aún más. De repente el agua se volvió oscura y el viento provocó un oleaje suficiente para notarlo en la vieja barca, la tormenta estalló justo encima de él. Asustado, no pudo hacer nada más que agazaparse en el bote, recoger los remos y esperar, y esperar...


     ...Entonces ocurrió; su barca chocó con una enorme roca que nunca antes había visto y que se encontraba en medio de su camino. El agua entró como un pequeño tifón por el agujero, la barca se hundía en medio de la incesante lluvia. Entonces él intentó saltar hacia la escarpada roca, pero resbaló y cayó al agua...Todo se desvanecía por momentos, el oxígeno se acabó, y una corriente empujaba su cuerpo inmóvil hacia el fondo. Fue un amargo adiós...   




  ...o al menos eso pensó por unos momentos que se hicieron eternos. No se había dado cuenta de su situación, estaba tan pendiente de la tormenta y de él mismo, que no vio que estaba a escasos dos metros de la otra orilla. Su cuerpo descendió también un par de metros, entonces es cuando la vida y las ganas de vivirla tiran de ti ,y al notar el fondo tan cerca se dio un último impulso y salió a la superficie. Entonces se agarró a la roca y subió a ella, donde empezó a vomitar agua. Alzó la vista...y vio que su desesperación le había llevado casi, a morir ahogado en un vaso de agua; la orilla estaba tan cerca que casi rompe a llorar y a reír a la vez...

     La tormenta pasó tan veloz como vino, y el sol del mediodía se elevaba alto enseñando ahora sí, la montaña, su montaña. La miró y estuvo a punto de volver a nado, pero la experiencia anterior era aún más fuerte. Alzó la vista y empezó paso a paso a dirigirse hacia la ladera de la montaña, y una vez hubo llegado se encontró con otras dos personas que estaban de espaldas a él mirando la montaña. Uno estaba sentado y el otro miraba casi de medio lado, a él le entró una alegría inmensa al ver a alguien por ahí pues no esperaba a nadie hasta el otro lado de la montaña. A medida que se acercaba notaba que le resultaban muy familiares, pero al mismo tiempo parecían dos extraños; los pasos eran ahora cercanos y los dos individuos se giraron sorprendidos a la vez. Entonces el que estaba de pie dijo: -Pensaba que no vendrías nunca. A lo que el que estaba sentado asintió. Los miró con incredulidad pues en realidad no los conocía, y después de un rato respondió: -Perdón, hace mucho tiempo que dejé estas tierras, ¿les conozco, ...nos conocemos?. 
-Sí . respondió el primero -yo me llamo "miedo" y él es "pereza", claro que nos conoces aunque ahora no lo creas, es cierto que nunca nos has visto así, pero te aseguro que nos conoces.

     Después de unos segundos procesando lo que acababa de oír, dejó de juzgar esas palabras y casi sin quererlo les propuso algo: -Tengo que escalar esta montaña para llegar a la aldea que hay al otro lado, ¿me queréis acompañar, lo que sería de agradecer, o debería ir solo?. A lo que "pereza" respondió: -Te estábamos esperando para eso, aunque cierto es que esperaba que nunca aparecieses; pero sí, te acompañaremos, a no ser que prefieras volver, lo que sería una gran decisión. El camino es muy largo y muy cansado. Entonces "miedo" añadió: -Y nunca sabes los peligros que puedes encontrar en el camino, ¿y si no llegas nunca? ¿y si fracasas en el intento?...Podemos volver atrás los tres.

     Los miró con ciertos aires de ira, pero aguantó y les respondió: -Está bién, partiré yo solo. De hecho, nos acabamos de conocer, o al menos eso creo...Adiós. Y con gran ímpetu se abalanzó con unas fuerzas redobladas al camino que conducía a la cima, y empezó a caminar y a subir y a caminar sin mirar atrás...pero al poco de empezar sus pasos, oía unos lamentos que venían de detrás suyo, ahí estaban los dos. "pereza" y "miedo" le seguían con pocas ganas, pero le seguían. Les esperó y con una sonrisa les invitó a seguir, a lo que accedieron no de muy buen grado, pero le siguieron.

     Ya a media montaña, las fuerzas disminuian, y notaba como los dos compañeros de viaje se colgaban de su espalda para poder subir, entonces se giraba y allí estaban a unos pasos de él. Lo que le desconcertaba, notaba un peso extra sobre sus hombros, parecía que alguien se apoyaba en él, pero allí no había nadie. Bueno si, ellos pero lo suficientemente lejos como para no tocarlo. Siguieron andando por largo rato, sin hablar apenas, solo se oían murmullos de lamentos y advertencias; lo que curiosamente le proporcionaba más energía.  Ya no soportaba oírlos, y seguía avanzando. Entonces cayó la noche y tuvieron que parar. Otra tormenta se acercaba, y vaya si se acercó. Volvió a descargar incesantemente rayos y truenos y un mar de lluvia. El dúo de acompañantes, gritaba, maldecía, y expulsaban todos sus pesares y quejas hacia él. Pero lejos de acobardarse se levantó de la roca en la cual se protegía y miró a "miedo" a la cara, y la cara de éste era ahora una mezcla de pánico y desesperación. Y con un ademán y un grito que resonó como un trueno,le invitó a irse. Y "miedo" se fue...y fue irse y aclararse el cielo. La tormenta ahora bajaba hacia el lago, como si persiguiese a "miedo". Allí quedaron entonces él y "pereza". Ya amanecía en lo pareció ser una noche muy corta, y sin mirar atrás siguió subiendo el camino, "pereza" le dijo adiós y se quedó sentado al lado de un árbol. No se movió más de allí, lo que a él pareció no importarle, pues quedaba aún medio camino y no quería más lamentos.Volvió sus ojos hacia delante y su sorpresa fue mayúscula al girarse otra vez hacia la cima. Estaba a un metro de ella...¿Cómo había llegado hasta allí en apenas dos pasos?...Entonces unas voces se oyeron allá arriba, voces familiares, voces de amigos, familia, conocidos...el último metro lo hizo de un salto, movido por un intenso chorro de adrenalina que circulaba por su cuerpo. Y llegó por fin, y allí estaban todos. Y todos le ayudaron a bajar, pues siempre habían estado ahí esperando una acción, y se alegró de verlos nuevamente...


     ...Sonó el despertador y se levantó de un salto, corrió las cortinas y miró por su ventana. No había montaña alguna, de hecho nunca había existido. Pero os aseguro que su montaña mental quedó atrás. Así lo sintió él, y así lo sentirás tú una vez olvides por el camino a "miedo" y "pereza". Mirar sin éstos acompañantes te puede dar otra perspectiva totalmente diferente de tus problemas. Las tormentas desaparecen y te dejan ver el cielo azúl. Y los verdaderos amigos, están donde siempre han estado, solo que a veces necesitan que tú se lo pidas.
Mira por la ventana y dime si ves una montaña, ¿te acompaño?
Por Jordi Luna

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